Tres dimensiones chocan hoy en el corazón productivo del país: la expectativa del nearshoring, la presión de la automatización y la constante generación de nuevos profesionistas. Querétaro, CDMX y Guanajuato han disfrutado inversiones extranjeras nunca vistas, pero el mito del “empleo prometido” se desinfla a pie de las aulas y en la vida cotidiana de los egresados.
El IMCO revela que el 34.6% de los jóvenes termina carreras universitarias en la región, sin que esto les asegure movilidad social. De hecho, apenas el 38% encuentra trabajo afín en los primeros seis meses tras graduarse.
¿Qué está fallando? La desconexión entre el currículo actual, la constante evolución tecnológica y las demandas crecientes del entorno digital. Docentes que enseñan procesos y teorías del siglo pasado; empresas que exigen pensamiento crítico, inglés fluido y adaptabilidad. Miles de egresados que compiten en una jungla laboral saturada.
Ante ello, empresarios innovadores responden con capacitación in situ, programas duales, incubadoras universitarias, pero la brecha sigue: sólo el 12% de estos programas alcanza a los sectores vulnerables y afrodescendientes.
Empresarios y académicos coinciden: hay capital humano para el salto, pero sin alianzas virtuosas entre universidad, empresa y tecnología, el futuro profesional de miles de jóvenes será incierto, o al menos no en su área vocacional.
¿Conclusión? El futuro será para quienes se atrevan a romper las inercias, modelar el currículo según los retos globales y pensar más allá del diploma: ¿Estamos formando a los líderes que necesita el país… o sólo alimentando al sector informal? (amadaboni@outlook.com)
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