En las últimas semanas el término therians ha inundado las redes sociales, generando fascinación, burlas, debates y preocupación en partes iguales. Para algunos, se trata de una simple expresión individual así como en su momento fueron los furros e incluso los emos; para otros, esta nueva ola de identidad individual es una señal de alerta sobre las nuevas formas en que los jóvenes construyen su personalidad.
Para entrar en contexto, los llamados therians son personas que aseguran identificarse profundamente con animales principalmente perros, gatos u otras especies domésticas y no con los humanos. A través de máscaras, colas o disfraces, adoptan conductas animales impulsados por lo que describen como una conexión espiritual, emocional o incluso la sensación de haber sido ese animal en otra vida.
Más allá de lo llamativo, el fenómeno ha despertado inquietud social. En redes circulan historias de padres desconcertados, denuncias de peleas entre jóvenes que adoptan esta identidad e incluso relatos de veterinarios que aseguran haber recibido personas buscando atención médica como si fueran mascotas.
La polémica creció cuando se viralizó el video de una mujer “therian serpiente” en Japón, captada arrastrándose por la calle con un traje que imitaba la piel escamada del reptil. La escena desató una tormenta digital: mientras algunos celebran la libertad de expresión, otros interpretan el episodio como una señal de desorientación social.
Especialistas en psicología advierten que, en una etapa clave de formación de identidad, adoptar conductas animales de manera constante podría reforzar el aislamiento, dificultar la integración social y afectar la autoestima. A esto se suma el peso del juicio público: jóvenes expuestos a burlas masivas pueden desarrollar ansiedad, depresión o retraimiento emocional.
También preocupa el aumento de mensajes de odio en redes contra personas therian, ya que la incitación a la violencia física o verbal puede derivar en situaciones graves. El respeto y la convivencia siguen siendo fundamentales en una sociedad plural.
Reducir el fenómeno a una simple rareza sería simplificar demasiado el problema. Los therians también reflejan algo más profundo: la necesidad de pertenecer, de ser escuchados y de encontrar un espacio propio en una era donde todo se exhibe, se comenta y se viraliza.
Entre la libertad individual, la búsqueda de identidad y el escrutinio digital permanente, la pregunta no es solo quiénes son los therians, sino qué nos dicen sobre la juventud actual… y sobre la sociedad que los observa.
Tal vez la discusión no debería centrarse únicamente en ellos, sino en el entorno que ha convertido la identidad en espectáculo y la diferencia en tendencia. ¿Qué opinas?
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(Sam García)
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