El presidente Emmanuel Macron confirmó que Francia reconocerá oficialmente al Estado de Palestina durante la Asamblea General de la ONU que se efectuará en septiembre. Se trata de un gesto sin precedentes entre las potencias del G7, que llega en un momento crítico: la crisis humanitaria en Gaza y el estancamiento de las negociaciones de paz han puesto de relieve la urgencia de un replanteamiento internacional.
Históricamente, Francia se distanció de las armas tras la Guerra de los Seis Días de 1967, respaldando siempre la creación de un Estado palestino, pero sin llegar a formalizar ese reconocimiento. Con este anuncio, Macron pone fin a décadas de cautela diplomática, retomando el compromiso expresado ya en junio de 2024, cuando aseguró estar “completamente listo para reconocer” a Palestina en el “momento oportuno”.
En el país galo, la medida ha avivado un intenso debate político. Mientras el 80 % de la población —incluidas amplias franjas de las comunidades judía y musulmana— apoya el reconocimiento, figuras de la derecha y algunos aliados del presidente denuncian que esta decisión “legitima a Hamás” y pone en riesgo la seguridad de ciudadanos tanto judíos como palestinos en Francia. El gobierno, por su parte, defiende que el gesto refuerza el papel histórico de Francia como mediador y preparará el terreno para la conferencia conjunta que coorganizará junto a Arabia Saudita en Nueva York.
Desde Tel Aviv, el primer ministro Benjamin Netanyahu calificó la iniciativa de “rendición ante el terrorismo”, y el gobierno israelí advirtió que un Estado palestino en las circunstancias actuales podría convertirse en “plataforma para aniquilar a Israel”. En Washington, la Casa Blanca y el Departamento de Estado consideraron la medida “contraproducente” para futuros diálogos de paz, alegando que podría fortalecer a los sectores más radicales.
La Autoridad Palestina, en cambio, acogió el reconocimiento francés como un paso firme hacia el respeto de sus derechos y exigió nuevas acciones de la comunidad internacional para aliviar la crisis en Gaza. Más allá del simbolismo, París confía en que este impulso diplomático anime a otros miembros de la Unión Europea —entre ellos Suecia, Irlanda y España— a formalizar pronto su propio reconocimiento, reforzando así una posición europea más unificada.
De cara al futuro, la jugada de Francia podría reconfigurar los equilibrios entre EE. UU. y sus aliados europeos en Oriente Medio, impulsando una mayor autonomía diplomática de la Unión Europea. A la vez, si la conferencia de la ONU logra traducirse en acuerdos concretos—sobre fronteras, seguridad y el estatus de Jerusalén—, este reconocimiento podría convertirse en el catalizador de un proceso de paz real y sostenible. Solo el tiempo dirá si la apuesta de París logra romper el bloqueo histórico y allanar el camino hacia una solución de dos Estados. (eseeseleon@gmail.com)
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de grietacero.com
