Cuando el futuro tenía teclado

Hay quienes guardan sus recuerdos en álbumes de fotos o en diarios escritos a mano.
Otros los guardamos en el eco de un teclado antiguo, en la melodía metálica de una impresora de matriz de punto, en aquel primer celular que parecía una reliquia de ciencia ficción.

Para quienes tenemos cincuenta, la tecnología no es un invento ajeno: es un viejo compañero de viaje.
Recuerdo la primera computadora en casa, con su monitor cuadrado que destellaba en verde, como si cada palabra quedara grabada para siempre en el aire. Pasábamos horas frente a la pantalla, fascinados, como si hubiéramos abierto la puerta a una dimensión secreta.

El sonido de la impresora de punto todavía me acompaña como un recuerdo entrañable: ese repiqueteo nervioso que tardaba eternidades en entregar apenas unas páginas. Había paciencia, había ritual, había incluso ternura en la espera.

Luego llegaron los celulares: enormes, pesados, más arma que herramienta. Ver a alguien hablar por teléfono en la calle era presenciar un milagro moderno. Era como si el futuro, de pronto, se hubiera colado en la rutina de nuestras ciudades.

Después vino internet, con su zumbido de módem, con esas conexiones frágiles que parecían abrirnos ventanas infinitas. Fue allí donde comprendimos que el mundo podía caber en una pantalla.

Y ahora la inteligencia artificial, silenciosa y ubicua, nos acompaña como una voz que todo lo sabe.
Nos asombra, nos inquieta, nos recuerda que seguimos en tránsito.

Miro atrás y siento nostalgia por aquel tiempo en que cada avance era una aventura. Pero también agradezco estar aquí, testigo de medio siglo en el que las máquinas no solo cambiaron el mundo: cambiaron nuestras formas de amar, de aprender, de soñar.

Quizá la verdadera historia tecnológica no se cuente en manuales ni en laboratorios, sino en los hogares, en las oficinas, en las madrugadas en vela frente a una pantalla.
Allí donde descubrimos, con asombro y un poco de miedo, que el futuro ya estaba sentado con nosotros, esperando ser usado. (vallegracie@hotmail.com)