En la era de las redes sociales, donde cada gesto puede convertirse en tendencia y cada imagen en símbolo, también existe una verdad incómoda: internet no solo aplaude, también exhibe.
Hoy todos hablan del descaro de un hombre que, por querer figurar en redes, terminó convertido en la burla digital. Porque si algo ha quedado claro en estos tiempos es que la viralidad no solo da fama… también revela incoherencias.
Todo ocurrió durante la marcha del 8 de marzo en Tlaxcala. Entre pancartas, consignas y exigencias de justicia, apareció un hombre que parecía tener muy claro el mensaje del día. Caminaba con el torso descubierto, acompañado de su pareja, con frases pintadas en el cuerpo como “No machismo” y “Me callo para que ellas hablen”.
Para reforzar la escena simbólica, llevaba las manos atadas y los ojos vendados. Una especie de performance para demostrar que los hombres debían escuchar y ceder el espacio a las mujeres.
La imagen era potente. De esas que fácilmente se vuelven virales, de las que muchos comparten con aplausos y emojis de aprobación.
Pero las redes sociales tienen algo que a veces se subestima: son una lupa gigantesca sobre la vida real.
En plena explanada del Palacio de Gobierno, una mujer salió de entre la multitud y lo señaló frente a todos. La acusación fue directa: deudor alimentario.
El momento cambió por completo la narrativa.
El mismo hombre que marchaba contra el machismo fue exhibido públicamente por no pagar la pensión de su hijo de nueve años. Y lo que empezó como un acto simbólico de apoyo terminó convertido en uno de esos momentos incómodos que internet no deja pasar y que mucho menos va a olvidar porque la huella digital es imborrable.
Los celulares se levantaron. Los videos comenzaron a circular. Y en cuestión de minutos, la maquinaria digital hizo lo suyo: investigar, contrastar, rastrear perfiles.
Las redes encontraron nombre y apellido: Juan Judas Tadeo, abogado y exfuncionario público.
Ante la presión pública, apareció en un video en redes sociales para dar su versión. Reconoció que sí existe un proceso legal relacionado con la pensión alimenticia, pero se justificó diciendo que a veces en el trabajo no le va bien y por eso no siempre puede cumplir.
Una explicación que en internet provocó más molestia que empatía.
Porque mientras algunos padres argumentan dificultades económicas, en México miles de mujeres sacan adelante a sus hijos solas, trabajando, estirando el dinero y resolviendo lo que haga falta. Muchas veces sin recibir un solo peso de quien también tiene la obligación de responder.
Y el problema es más grande de lo que parece. En el país, miles de hombres aparecen en el Registro Nacional de Obligaciones Alimentarias por incumplir con la pensión de sus propios hijos.
Pero la historia todavía tiene otro giro.
La expareja del señalado asegura que Tadeo es dueño de un restaurante, mientras él sostiene que solo trabaja ahí como empleado. Una versión que, casualmente, también podría servir para reducir o evitar el pago de la pensión, una estrategia que muchos hombres utilizan: declararse sin ingresos o aparentar no tenerlos para evadir responsabilidades.
Así, el performance terminó dejando una escena imposible de ignorar:
un hombre marchando contra el machismo… mientras intenta escapar de una de las responsabilidades más básicas como padre.
Y esa es quizá la lección más clara de esta historia.
En tiempos de redes sociales, cualquiera puede construir una imagen pública en segundos. Posar, escribir consignas, pintar mensajes en el cuerpo o buscar la foto perfecta para volverse viral.
Pero internet también tiene memoria.
Y cuando la realidad aparece, la viralidad puede convertirse en el espejo más incómodo.
Porque las consignas se pueden pintar en el cuerpo, posar para una foto o volverse tendencia por unas horas pero la responsabilidad con los hijos no se borra con excusas.
(Sam García)
Las opiniones expresadas son sólo responsabilidad de sus autores y son completamente independientes de la postura y la línea editorial de grietacero.com
